Home Competición Sin victorias pero ejemplar fue el Lotus Esprit S300 Turbo inscrito en las 24 Horas de Le Mans.

Sin victorias pero ejemplar fue el Lotus Esprit S300 Turbo inscrito en las 24 Horas de Le Mans.

written by Héctor Jáñez 11 abril, 2018
Sin victorias pero ejemplar fue el Lotus Esprit S300 Turbo inscrito en las 24 Horas de Le Mans.

Cuando el Lotus Esprit S1 aterrizó en el mercado de 1976, explícitamente lo hacía con porte y plenas facultades para la competición. Y todo ello con el respectivo hándicap, de hacerlo en pleno intermedio de ambas crisis del petróleo —1973 y 1979— Peter Stevens, realizador del inconmensurable McLaren F1, había trazado la palpable majestuosidad del Esprit S3, otrora dibujado por Giorgetto Giugiaro en sus tiempos primarios.

Irónicamente, y a pesar de cobijar un preclaro guerrero de latentes facultades de batalla, los británicos no se arrancaron a tomar partida en las carreras con esta, su amada máquina. Y eso que de armamento iba sobrado para que mentirnos, si precisamente sus autores desconsideraban a la ligera todas esas virtudes que habían maquinado. Tuvieron que ser dos equipos privados quienes prendieran la carrera deportiva del Esprit, eso sí, asistidos en un segundo plano por la firma oficial. Todo quedaba en casa, naturales de la isla inglesa se hallaban el Morfe Racing, Macinnes Amcron Racing y la colaboración de Lotus, un tridente dispuesto a enviar a esa preciosa carrocería a batallar ferozmente, incluso contra los Porsche 934 o los BMW 320i Turbo del Grupo 5.

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Sí, claro que hubo un Esprit Grupo 5. Presentes estuvieron en las filas de los 1000 Kilómetros de Nürburgring organizados por la ADAC, precisamente principiados los 80, entre otros escenarios. Pero del que yo quiero hablaros es del S300 que estuvo surcando la Sarthe en el 93 y 94, el de las 24 Horas de Le Mans, donde los Dauber 962 y sus flat-six turbo se impusieron con un primer y un tercer lugar, turbado el segundo para el equipo Porsche/Joest Racing, por el Toyota 94C-V. Grandes campañas ambas.

Ya destacado estuvo también con anterioridad el Lotus Esprit X180R sobre los trazados estadounidenses de la SCCA. Una excursión trasatlántica que pareció menguar los ‘temores‘ de una Lotus, que ahora no tenía reparo alguno en apoyar por fin, y tras tres largas décadas de letargo, su regreso al acreditado de las 24 Horas de Le Mans.

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Grandes logros fueron apoderados por Lotus en la década de los 50, cuando estos participaban activamente en las 24 Horas de Le Mans. De forma misteriosa, desde 1960 hasta precisamente la fecha que nos ocupa en esta cita, la firma británica estuvo ausente del gran evento.


Con un Esprit ya bien rodado por las américas y ocasionalmente con algún despunte europeo, en 1993 el equipo privado Chamberlain Engineering con el apoyo de Lotus, dispuso dos unidades Esprit S300 en terreno galo. Armados con el motor turbo 910S de 2.2 litros, el Esprit contaba con 400 cv destinados al eje posterior, en una cita en la que a pesar de parecer respaldado por un potencial bastante correcto, no suponía más allá de un participante más.

Aquel año la victoria se iría para el equipo local, Peugeot Talbot Sport y su 905 Evo de 10 cilindros en V. La aventura de Lotus terminó con los problemas de junta de culata en el número #44 pilotado por Richard Piper y Olindo Iacobelli. No en vano estos hicieron una actuación más que correcta con 162 vueltas de ensueño. Peor suerte corría el número #45 dirigido por Yojiro Terada, Thorkild Thyrring y Peter Hardman, que se retiró prematuramente con problemas de sobrecalentamiento tras ejecutar ‘apenas’ 92 vueltas.

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– El Toyota al que condenó un japonés.

Destacada fue la polémica protagonizada por el japonés Yojiro Terada durante su turno a bordo del Lotus número #45. Habiendo alcanzado el evento la media noche, el Toyota TS010 había sido hasta entonces el único rival digno para los tres prototipos 905 que Peugeot había convocado, mas en concreto el número #38 pilotado por Juan Manuel Fangio II del equipo Tom’s. Ironías del destino, Yojiro como piloto japonés, estrellaba su Lotus contra la parte trasera del Toyota de Fangio, erradicando así con su error toda posibilidad para el equipo Tom’s y catapultando a Peugeot hacia la victoria. Aquel año en Japón Yojiro Terada no fue el héroe si no el villano.


Aunque fue un coche espectacular, su éxito en Le Mans se vio damnificado por constantes problemas de refrigeración.


La campaña de 1994 comenzaba con la espinosa cita de Daytona donde de nuevo, dos Esprit empezaban a sufrir convalecencias mecánicas. Si bien una unidad pilotada por Cowie, Watson y Fouché, conseguía un puesto 19º tras una avería en el motor, valga la redundancia, si bien el segundo coche apenas pudo comenzar tras sufrir ciertas revueltas con la caja de cambios.

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Sin recelos motivados por la cadena de problemas que venía arrastrando el modelo en las pruebas de resistencia, y de nuevo capitaneado en consonancia por Lotus Sports y Chamberlain Engineering, dos Esprit aterrizaban en las parrillas de la Sarthe de 1994. Esta vez con el dorsal #62 se hallaban Richard Piper y un curtido Peter Hardman, compatriotas ellos junto a su máquina. Menos fortuna tuvieron aún que en la anterior edición, tras verse involucrados en un accidente en la vuelta 45. El segundo coche era el número #61 pilotado por el danés Thorkild Thyrring y Klaas Zwart, retirados por una avería, apenas tres vueltas antes que sus compañeros. De mal en peor.

Con este expediente es fácil vaticinar la falta de eficacia del Lotus Exprit S300 Turbo. No obstante es también motivo de incógnita el por qué la dedicación de una cita a este como tal. Y yo digo: ¿solo pueden gustarnos los coches ganadores? Pues me niego a seguir esa corriente generalizada y me aferro a la doctrina de que, todo vehículo de carreras merece sus alabanzas y este con sus más y sus menos, es una extrañeza de inusitada belleza. A partir de 1996, el Lotus Esprit empezó a disfrutar de un motor V8, siendo el primer y el único Lotus que ha existido con esta mecánica. Entonces su adquisición era igual de costosa que la de un Porsche 993 Carrera, pero era más rápido que este, ya lo creo que lo era. Por desgracia el marquísmo lleva castigando al mercado más tiempo del que pensamos, y su destino fue escrito por la insignia que reposaba en su capó.

 

Fuentes: lotusespritturbo.

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