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Cosworth. Como hacer historia de la nada.

written by Héctor Jáñez 28 junio, 2017
Cosworth. Como hacer historia de la nada.

Por Héctor Shavershian.

Cuando en 1958 Mike Costin y Keith Duckworth decidieron transformar una vieja cochera en una humilde empresa dedicada a la fabricación de motores de competición, nunca imaginaron que su legado alcanzase los límites del éxito.

Hablar de Cosworth es hablar de uno de los fragmentos más importantes de la historia del motor. Más que nada porque sus métodos han logrado ganar en las disciplinas deportivas más reputadas. Rallyes, Fórmula 1, Campeonatos de resistencia, Campeonatos de turismos y Fórmula Indy. Del mismo modo, su tecnología se extendía a los vehículos de producción, donde han trabajado con algunas de las marcas con más renombre. Algunos de los modelos de Mercedes, Opel, Audi o Ford, alcanzaron el éxito gracias en parte a la intervención de Cosworth. Hoy, queremos dar las gracias a esta compañía y presentar nuestros respetos homenajeando su historia.

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Desde sus inicios, Cosworth se forjó como una empresa independiente. Sin ataduras ni acuerdos bilaterales con ninguna otra compañía. Pero eso no significaba que en Cosworth no fuesen ambiciosos. Ya lo creo que lo eran. Y mucho. La producción de motores de competición se mantuvo paralela con la de mecánicas de fábrica hasta el año 1998, donde la empresa se fracturó en dos. Ford tomaba el mando de Cosworth Racing y el Grupo Volkswagen el de Cosworth Technology.

Cosworth revolucionó la tecnología a través de conceptos técnicos como el uso del propio motor como parte de la estructura del vehículo, en lugar de como un agente externo añadido.

La división dirigida por Ford mantuvo latente el espíritu de competición hasta principios de siglo, produciendo mecánicas de alto rendimiento para Jaguar en la Fórmula 1, para los Ford Focus que participaban en el WRC y en otros motores turboalimentados que se suministraban para los campeonatos de cart. Mientras, al otro lado del Atlántico, Audi aprovechaba su parte del negocio utilizando los procesos de diseño de Cosworth Technology para ensamblar motores en las plantas de Worchester y Wellinborought.

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Solo había transcurrido un año desde su fundación, cuando la empresa gestaba su primer propulsor. Un desarrollo que tomaba como base el motor de un joven Ford Anglia 150E. Aquella modesta mecánica contaba con una cilindrada original de 997 cm³ y 75 cv, pero la magia de Cosworth la elevó hasta unos generosos 115 cv de la época. Solo un año después la empresa estaba lista para introducirse en la competición. Corría el año 1960, y bajo el atronador estallido de gritos y emociones daba comienzo la carrera de Brands Hatch. Un Lotus 18 iba a ser pilotado por un joven muy prometedor. Un tal Jim Clark. Sería la primera victoria para la leyenda británica. A partir de entonces Cosworth comenzó a familiarizarse con el triunfo.

Entre el motor DFV y su derivado, el DFY, consiguieron ganar 155 carreras en la categoría reina. 

Posteriormente, uno de los iniciales motores Cosworth dominaría la F2 británica de los años 1964 y 1965. Siguiendo su estela de éxito, la compañía se trasladaba a unas nuevas instalaciones en Northampton. Emplazamiento en el que tras sufrir periódicos cambios y numerosas modernizaciones, aún prevalece la fábrica en la actualidad.

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La relación entre Cosworth y Ford es algo prácticamente palpable desde sus orígenes. Esta cooperación no solo nos ha regalado las joyas de las que los más quemados hablamos casi a diario, si no que supuso la culminación de importantes pasajes en la historia de la competición. En 1967 llegaba la primera victoria en el Gran Premio de Holanda de Fórmula 1. Jim Clark, la leyenda, volvía a ser el encargado de llevar a un Lotus 49 con motor Double Four Valves (DFV) hasta la victoria.

En 1977 nace Cosworth Inc. Se ubicaba en L.A. California, para así poder satisfacer todas las demandas del mercado norteamericano.

Emerson Fittipaldi, Nelson Piquet, Mario Andretti, Jackie Stewart o el mismísimo Michael Schumacher, fueron celebridades del motor que descorcharon champán en lo más alto del podio pilotando monoplazas con motor Cosworth. El éxito de la compañía atravesaba continentes. Así, cada uno de los campeonatos de Fórmula IndyCar que se celebraron entre 1976 y 1989 pasarían a acomodarse en el palmarés de Cosworth. Todos ellos utilizando el motor DFX.

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El Mundial de rallyes no estaba exento de verdugos con la máscara de Cosworth. Con la llegada de los Escort RS 1600 y RS 1800, el mundial del 79 junto con 51 victorias más se fueron para la vitrina británica. Unos años más tarde, un joven Carlos Sainz llegaba para participar en el Campeonato del Mundo. Su herramienta: Un Ford Sierra RS Cosworth Grupo A. En 1988 Didier Auriol sería el encargado de ganar el rallye de Corcega con una de estas unidades  con tracción integral, y cuando el Escort relevó al Sierra de su cargo, Cosworth se apuntó otras 10 victorias en el Campeonato del mundo.

En 1991 Jaguar también ganaba el Campeonato del Mundo de Sport con motores Cosworth. Era un no parar..

Como expertos en todo tipo de competiciones, los títulos llegaban desde todas las categorías. Todo el mundo ansiaba trabajar junto a Cosworth. Se había ganado un sólido prestigio a pulso. Pronto llegarían las victorias en las carreras de resistencia. Se coronaba en Le Mans. El espectáculo automovilístico más importante del mundo. Con Mirage y un V8 DFV de Fórmula 1 modificado, llegaba la gran victoria del 74.

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Ya a finales de los 80 y principios de los 90, los Campeonatos de Turismos comenzaron a expandirse y su éxito crecía de forma exponencial. Con su trayectoria, los fabricantes recurrían a Cosworth para mejorar el rendimiento y la fiabilidad de sus motores. En 1996 un Opel Calibra con motor KF se proclamaba ganador del ITC y escasos años atrás, en la WTCC, ya había sido campeón un Ford Mondeo V6 durante los años 93 y 94.

A lo largo de su carrera Cosworth se había forjado una gran fama, pero si en algo destacaba era como especialista en culatas de cuatro válvulas por cilindro. Esto provocó que varias marcas reclamasen sus servicios para perfeccionar las mecánicas de sus versiones más proliferas. Los famosos motores 2,0 litros 8v de Opel, montados en los Kadett, Astra, Calibra o Vectra, supusieron un éxito para la marca. El equilibrio perfecto entre prestación y fiabilidad. Ni que decir que los Ford Sierra, Escort e incluso el gran Scorpio, también fueron bendecidos por está tecnología británica. Hoy día son piezas conocidas y ambicionadas en todos los rincones del mundo. Por no hablar de los Mercedes 190 E 2.3 16v y todos sus éxitos deportivos..

En definitiva, después de tantos años de duro y minucioso trabajo todo el mundo conoce y aprecia un buen motor tocado por Cosworth. Ese es su legado. La incondicional admiración de varias generaciones que vieron crecer y vivieron con ilusión, la gran cantidad de logros obtenidos por una humilde compañía que surgía de la nada hace ya seis décadas.

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