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Mercedes 300 E AMG 6.0. “The Hammer” 1986

written by Héctor Jáñez 29 junio, 2017
Mercedes 300 E AMG 6.0. “The Hammer” 1986

Hemos retrocedido hasta mediados de los 80, cuando la división AMG era una firma autogobernada que aún no se complementaba con la gente de Daimler. Pero la verdad que esto no era un factor que impidiese a la compañía desatar su locura tecnológica sobre los modelos de la marca de la estrella. En una época dominada por el Segmento E, los de Affalterbach tenían claro que lo más productivo era coger la carrocería de un Mercedes 300 E y muscularla a base esteroides. Siendo explicito, el uso de la mejor ingeniería alemana para la producción de super berlinas de calle con tecnología de competición, sin duda es el principal objetivo de AMG, y además se le da muy bien.

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En 1984 Mercedes reemplazaba la serie W123 por el tecnológico W124, una refinada berlina cuya versión más prolifera equipaba un motor de 3,0 litros y 6 cilindros en línea. Con el W124 en las calles, la gente de SGS (Styling Garage) se encargo de producir una versión coupé convertible, los de Schulz Tuning también hicieron lo propio transformándolo en una enorme limusina y AMG, bueno.. AMG hizo lo que mejor sabe hacer, nos regalo a The Hammer (El Martillo). Su nombre hace una referencia literal al propio significado: es una herramienta para golpear duramente, en especial a sus compatriotas. El equilibrio ideal entre sutileza y ferocidad se consagraba en los albores de su carrocería. Nacía con una apariencia increíble.


La enorme berlina albergaba una mecánica y unas condiciones dinámicas equiparables a los superdeportivos de la época. Su precio también.


Los de Affalterbach no se conformaban con elaborar un producto con un único patrón, The Hammer contaba con diversidad de maquillaje y tecnología. Una de las mejores intervenciones se produjo cuando extirparon el 6 cilindros de 3,0 litros del W124 para trasplantar el gran V8 procedente de la Clase S W126. Entre 1986 y 1987 se utilizó la primera hornada del motor M117, un V8 con 32 válvulas y una cilindrada de 5,0 litros, equipado en la primera generación del W126. Posteriormente el motor se sustituyó por el de la segunda generación, el 5,6 litros que propulsaba a los 560 SE y 560 SEC.

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Cuando el 300E pasó a portar el V8 que AMG le había agenciado, no cabe decir que el rendimiento se disparó por las nubes. La versión inicial de 5,0 litros proporcionaba 340 cv, y el 5,6 litros llegaba a 360 cv. Mercedes había logrado extraer 60 cv extra con respecto a la versión inicial de este V8. La locura de AMG era insaciable, de manera que si habían decidido que este tanque teutón iba a costar el doble que su homólogo de serie, ¿por qué no insertarle un evolucionado V8 de 6,0 litros?


Todos los V8 sobre los que trabajó AMG se terminaron apodando The Hammer. Su nombre hacía justicia al coche.


Finalmente el V8 logró llegar hasta 375 cv de potencia y arrojaba un par motor de 556 Nm a 4.000 rpm. Curiosamente este V8 se produjo especialmente para el 300E, pero al ser entonces AMG una compañía independiente, todas las estrellas que personalizaban la carrocería de la berlina original, desaparecían para dar cabida a las tres letras mágicas. Esta determinación no calló demasiado en gracia a los chicos de Stuttgart, por lo que nunca llegaron a  aprobar por completo el trabajo del conjunto.

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Una carrocería aderezada con el conveniente kit aerodinámico y una mejora en su bastidor, que le permitía incorporar un nuevo sub chasis, debían ser capaces de controlar toda la potencia dirigida al eje posterior. Este, presumía de un nuevo diferencial autoblocante Torsen y unos neumáticos semi slick que arropaban a unas específicas llantas de 17 pulgadas.


The Hammer se hizo aún más famoso por convertirse en la primera berlina capaz de superar la barrera de los 300 Km/h.


Fue un espectacular sedan capaz de uniformar las prestaciones de un Ferrari o un Porsche coetáneos. Conocido como Black Hammer, por la pintura negra que vestía a su carrocería, únicamente vieron la luz treinta unidades, y se convertía en la primera berlina que lograba superar los 300 Km/h.

Quizás jugando en la liga más rápida, un 911, un Testarrosa o un Corvette, presumiesen de mejores atributos visuales, pero en la práctica, este salón rodante estaba al mismo nivel que los mejores. Además, la artesanía de AMG sobre el sobrio 300 E no dejó indiferente a nadie. Comodidad, practicidad y una capacidad de carga que permaneció completamente inalterada, eran cualidades que también compensaban al Martillo. Lástima que fuese tan exótico y limitado, ¿o no?

 

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