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El singular diésel en el que AMG se vio involucrado. Mercedes C30 CDI AMG

written by Héctor Jáñez 22 marzo, 2017
El singular diésel en el que AMG se vio involucrado. Mercedes C30 CDI AMG

Por Héctor Shavershian.

A comienzos del nuevo milenio gran parte de los ingenieros automotrices se encontraban inflexiblemente inmersos en el desarrollo de la tecnología diésel. En la actualidad los ánimos del diésel son muy diferentes, y aunque la polémica que genera su uso es una constante, en su día fue promovido como el combustible del futuro bajo un gran paraguas de argumentos bastante cuestionables. Incluso vehículos propulsados por el vulgarmente llamado gasóleo, se coronaron campeones en algunas de las competiciones automovilísticas más importantes del momento. ¿Recordáis los Seat León WTCC de Yvan Muller, Gené y compañía? Sí, llevaban un motor diésel derivado del FR bajo el capó.

¿A que viene todo esto? A que quizás así podamos entender el porqué un preparador como AMG se vio inmerso en la producción de una mecánica con tecnología diésel. Tras el impacto tecnológico que derramaba el nuevo siglo, una iluminada AMG decidió confabular con ingredientes tan antagónicos como el diésel y la deportividad, dando como resultado un efímero producto bautizado como C30 CDI AMG.

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El primer y único producto diésel que llevaría las siglas de AMG en su portón trasero, se ofrecía nada menos que en carrocería sedan, sport coupé y familiar, y no solo eso. En AMG no se andaban con chiquitas y arriesgaron todo a una carta, siendo el primer preparador en poner a disposición del público un producto diésel construido con el mismo material deportivo que se integraba en las versiones más proliferas de Stuttgart. Tanto su puesta a punto de chasis, como su grupo de transmisión, al que Mercedes bautizó como Speedshift, se ofrecían decididos a aceptar sin discriminación al propulsor diésel como a uno más de la familia


El c30 CDI AMG fue sin duda uno de los proyectos más raros y menos prolíficos de la era diésel. No se ha vuelto a ver nada igual por parte de AMG.


A pesar de que su homólogo de gasolina, el Mercedes C32 AMG, ofrecía un contundente V6 con 3,2 litros TwinTurbo de 354 cv, la versión diésel de AMG compartía con él una gran variedad de elementos comunes. Para el C30 CDI AMG decidieron utilizar el equilibrado (647) de 5 cilindros en línea y 3,0 litros, que tras la correspondiente intervención de AMG lograba llegar hasta los 231 cv de potencia y un par máximo de 540 Nm.

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Como os comentaba, prácticamente el talento de su dinámica venía dado por duplicar todos los componentes del C32 AMG: Muelles, amortiguadores, estabilizadoras, equipo de frenos etcétera. El ya mencionado cambio automático con convertidor de par, también fue testado por AMG y a pesar de ofrecer solamente 5 relaciones, en conjunto lograba una velocidad punta de 250 Km/h y una aceleración de 0 a 100 Km/h en solo 6,8 segundos. En plena tiranía diésel, donde los FR cuajaron su yugo, este AMG se convirtió en el vehículo a gasoleo más potente del mercado. Ningún otro coche diésel ofrecía las prestaciones del C30 CDI AMG y ni siquiera existía algún diésel de planteamiento deportivo que se le acercara.

Hay que reconocer los méritos de AMG, y aunque el planteamiento del proyecto no fuese el más acertado, el trabajo realizado en el propulsor fue excelente. A través de un aumento de la carrera se logró llegar a los 3,0 litros, y su sistema de lubricación fue sustituido por uno que disponía de una bomba con mayor caudal y chorros de aceite para la refrigeración de los pistones. Los susodichos, las bielas y el cigüeñal también fueron sustituidos, dando lugar incluso a un nuevo intercooler aire/agua con circuito propio.

Una de las variables más interesantes del C30 CDI AMG, es que su relación de compresión se redujo de tal manera, que en un 270 CDI nos encontrábamos con una relación de 18 a 1, mientras que el C30 declaraba 16 a 1. Esta caída, venía claramente justificada por una gran presión máxima de sobrealimentación.

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Tras el comienzo de su comercialización en 2003, su éxito fue tan limitado que solamente permaneció en catálogo durante un año. La idea de que un Mercedes con las siglas AMG en su portón sonara a diésel no terminó de cuajar. Incluso ofreciendo unas buenas prestaciones para la época, el modelo, envuelto en una constante controversia, no pudo resistir la mentalidad del cruel mercado. Quizás el encumbrado listón de AMG tampoco facilitó que el sonido de un diésel fraternizase con sus propias siglas, pero el caso es que ni el trabajo realizado, ni los 231 cv del C30 CDI AMG, fueron suficientes.

Dicen las malas lenguas que tras el fracaso de esta versión diésel, en la sede central de Affalterbach prometieron no involucrarse nunca más en proyectos de este tipo, y por el momento parece que cumplen su palabra.

Imágenes: Daimler.

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