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1979 Dome Zero RL.

written by Héctor Jáñez 8 abril, 2020
1979 Dome Zero RL.

 

Estamos hablando en un periodo en el que la mentalidad universal de concepción para los vehículos de carreras, se veía de forma totalmente antagonista a la actual; una época en la que no importaban los presupuestos, si bien un fabricante estaba dispuesto a arriesgar todo solo por posicionarse en las parrillas más célebres del planeta. Los prototipos más radicales de extremas carrocerías, se habían cobrado la total atención del público allá por los años 70 y 80. Entonces premiaba una normativa que aún permitía la construcción de vehículos de carreras a considerar, y que procuró escenas de carreras tan fastuosas como la del Grupo C, entre otras. La potencia se derramaba por los cuatro costados, los esquemas aerodinámicos saltaban por los aires y los pilotos, de un talento técnico que se ataviaba necesariamente de cierta locura, luchaban ávidamente sobre los asfaltos de los mejores autódromos. No había ninguna firma conocida que no hubiera puesto un brutal coche de carreras sobre alguno de los copiosos eventos que entonces concurrían, en especial, las 24 Horas de Le Mans.

En cierto modo, hemos de dar las gracias al circuito de la Sarthe por habernos regalado tantas carreras, tantas anécdotas, pero sobre todo por tantísimos coches. Y es que inequívoco sería el no considerar que ciertamente sin Le Mans, muchos de los coches de carreras más estimados por nosotros, los aficionados del motorsport, no hubieran existido. Creo en la afirmación de que el Dome Zero es uno de ellos.

 

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Este coche es toda una rareza, un bólido de carreras que, casi con cierta patente, podría aferrarse a la máxima ‘lo amas o lo odias’. Yo evidentemente soy de los primeros. Este portento aerodinámico nació en los albores de los 80 bajo el ambicioso paraguas del japonés Minoru Hayashi, quien durante los preámbulos del proyecto tenía intenciones de competir en territorio patrio. Por aquel entonces, Hayashi ya era el conocido fundador de una compañía titulada Kabushiki Gaisha Dōmu, la cual en japonés expresaba literalmente ‘el sueño de un niño‘. Pero digamos que en términos occidentales, Dome era un constructor de vehículos de carreras cuyo presupuesto en los años 70, no era tan competente como para sustentar un proyecto de altos vuelos.

 


El proyecto se basó en un prototipo llamado Dome P2, cuyas ventas fueron destinadas en exclusiva a los Estados Unidos.


 

Hayashi-san se conjuntaba con el talento de Masao Ono, quien se encargó de trazar el armónico dinamismo que rompe en las imágenes. Pero para hablar del Dome Zero RL, es necesario hacer previa pausa por el deportivo de calle que la empresa había presentado en el Salón de Ginebra de 1978, el Dome Zero P2. Aquel era un deportivo de corte muy futurista que el japonés decidió focalizar enérgicamente en el mercado estadounidense. Tras una serie de demostraciones y ensayos, digamos que el prototipo disfrutó de cierto éxito durante todo aquel periodo promocional, y se podría decir, que ese fue uno de los agentes que despertó cierto énfasis en lo que a extraporlarlo como un vehículo de carreras se refiere.

 

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Así de imponente lucía el prototipo del Dome Zero P2 presentado en Ginebra 1978.

 

La construcción del coche se había basado principalmente en reducir hasta el extremo el coeficiente de penetración, uno de los factores primordiales en la cuna del automovilísmo, mas teniendo en cuenta a Mulsanne. Al parecer, los estilizados trazos del vehículo no parecieron ejecutarse como debieran, que tras realizarse algunos de los test, los pilotos empezaron a acusar al bólido de volverse tremendamente agresivo a altas velocidades. Los 5 metros de batalla de la carrocería, junto a la aerodinámica dibujada por Ono, generaban una importante magnitud de turbulencias en los albores de la carrocería, motivo que obligó a los ingenieros a reducir parte de la superficie acristalada de vidrio del vehículo, la cual, además de condicionar la cabina con elevadas temperaturas, en ocasiones obstaculizaba la visibilidad.

En cuanto a propulsor la empresa no se complicó en ideas. El bloque DFV de Cosworth era entonces todo un pata negra de las carreras, potente fiable y muy potenciable. Irónicamente, atributos de los que nunca se vanaglorió mientras propulsó al precioso Dome.

 


Al nacimiento del Dome Zero de carreras se le atribuyeron las siglas RL, Racing Le Mans.


 

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1979 fue el primer año en que el vehículo hizo su desfile debut en la parrilla de La Sarthe. En aquella ocasión fueron dos unidades las que corrían, a diferencia de que, aunque ambas estuvieran dotadas del bloque DFV de 2.9 litros, la primera declaraba 450 cv, mientras que la segunda lo hacía con 415 cv. El mejor de los efectos de los Dome Zero RL en aquel Le Mans, fue la reducción de 10 posiciones durante la primera hora del evento, si bien sendos vehículos terminaron abandonando la carrera por problemas mecánicos antes de la caída del ocaso. Un año después, en 1980 ya con el vehículo rediseñado, el Dome logró su mejor resultado en el evento, con una caja de cambios que había dado problemas y que a la postre, ordenada por la propia obstinación de Ono, había sido reparada por un soldador local con el único propósito de finalizar el evento. Aquel año, el Dome Zero RL80 vio la bandera de cuadros en último lugar. 1981 acaeció del mismo modo con un DFN el cual, sentenciaría el modelo al más inmerecido olvido.

 

 

 

 

Fuente: petrolicious.

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