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Renault Safrane Biturbo Baccara #Quadra. Un solitario francés que no logró coronarse.

written by Héctor Jáñez 11 junio, 2017
Renault Safrane Biturbo Baccara #Quadra. Un solitario francés que no logró coronarse.

Por Héctor Shavershian.

Bajo el epígrafe de las berlinas ejecutivas de los años 90, aparecía el Renault Safrane. Un tecnológico sustituto del Renault 25 que, tras instaurarse en el mercado, decidió arriesgar enfrentándose a los máximos estandartes alemanes. El Safrane Biturbo portaba los exóticos medios mecánicos, aunque por entonces, esta fusión supusiese una rareza que se debatía entre el lujo francés de los inolvidables años 90, y la precursora deportividad turboalimentada de la marca del rombo. El caso es que, no hay nada más maravilloso que arriesgar dando rienda suelta a la imaginación, y así es como Renault nos regaló una de las unidades más características de las últimas décadas.

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Quizás por desinformación o quizás por su ‘discreta’ apariencia, esta berlina puede incluso pasar desapercibida si nos cruzamos con ella en cualquier parking, por eso, el motivo de este homenaje es recordar que este es sin duda, es uno de los Renault más exclusivos de la historia. Con tan solo 806 unidades producidas, no se conformó con poseer la exclusividad del segmento francés, si no que además ostenta el título de coche de producción más caro que ha lucido un rombo en su capó. Prueba de ello eran los doce millones de las antiguas pesetas que costaba en aquellos lejanos años 90. Unos 72.000 euros actuales. Mucho más exclusivo que unidades que en la actualidad rondan precios estratosféricos, este Safrane es una pieza de coleccionista muy infravalorada en nuestros días.

Solo se produjeron 806 unidades de la primera fase entre 1993 y 1996. La versión Biturbo no sobrevivió a su restyling fase 2.

Con un conocido motor V6 de 3.0 litros utilizado en los mismísimos Venturi GT400 y Venturi LM600 de Le Mans, (el cual llegaba a los 600cv) el singular ADN Safrane Biturbo se forjaba mediante una tracción integral 4WD equipada con un diferencial con bloqueo conectable, detalle por el cual se le sumaría el apellido Quadra. 

Desde 1987, Baccara había sido el apellido elegido por la directiva de Renault para designar sus modelos de acabados más lujosos. Este Safrane y su interior forrado con piel de la mejor calidad (incluso hasta el salpicadero), climatizador Bizona, espejos eléctricos térmicos y fotosensibles y asientos eléctricos con regulación lumbar hinchable y calefactables, hizo más honor que ningún otro a su segundo apellido.

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En una época donde la gran parte de las berlinas de esta raza procedían de países centroeuropeos, Renault ponía toda la carne en el asador evolucionando al sustituto natural del longevo R25. El Safrane no logró el mismo éxito de ventas que su predecesor, debido a la fiebre del marquismo (perdurable en la actualidad) justificada por una economía en transición y quizás, a una oferta mucho más conveniente en su segmento inferior con el Laguna. Esto no quiere decir en absoluto que las cualidades y calidad del Safrane no estuvieran a la altura, simplemente que en muchas ocasiones la gente prefería, (y prefiere, repito) lucir una insignia antes que otros valores mucho más significativos. Llamémoslo, idiosincrasias del mercado..

Solo dos años después de aterrizar en el mercado llegaba la versión más bestial que haya producido Renault para una berlina de estas cualidades. Disponible solamente en los acabados superiores, RXE y Baccara.

Como no podía ser de otra forma, en aquella época el veterano motor PRV (Peugeot, Renault y Volvo) de 6 cilindros en V a 90º, sería el encargado de propulsar al enorme Safrane. Este motor se había labrado su fama participando en Le Mans propulsando a los Venturi LM600, o a otros célebres como los Alpine GTA, los Lancia Thema, los Volvo 760 GLE, etcétera.

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Renault no solo estuvo muy acertado al equipar una tracción integral que transmitía de manera muy eficiente al asfalto sus 268 cv a 5.500 rpm y sus 365 Nm, si no que además dotó al conjunto con una progresiva suspensión neumática adaptativa. Su sistema 4WD ofrecía la posibilidad de mejorar la capacidad de tracción mediante el bloqueo de potencia durante su paso por superficies menos adeherentes. Por otro lado, presumía de cierto germen Audi, concentrando la potencia en el eje delantero y transfiriendo, si era necesario, hasta el 90% al eje trasero mediante un diferencial de acoplamiento viscoso.

Renault decidió ceder su mecánica a Hartge y la carrocería del Safrane a Imscher. El resultado fue espectacular.

Al contrario de lo que nos sugiere la denominación Biturbo, su sistema de sobrealimentación iba gestionado mediante dos turbocompresores de la serie KKK configurados en cascada, es decir, un turbocompresor pequeño que actúa a bajas revoluciones y otro de mayor diámetro que comienza a trabajar a partir de un rango más elevado. La evolución mecánica del V6 de 3.0 litros y dos válvulas por cilindro se le encargó al especialista Hartge, y el resultado fue tan satisfactorio que justo un año después, Renault entregaría a la empresa alemana siete unidades Laguna con motor V6 para su correspondiente preparación.

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No era un habitual que una berlina de casi cinco metros con cambio manual de 5 relaciones que además, iba equipada con un sistema de tracción integral que le lastraba su peso final hasta 1.750 Kg, lograra hacer un 0 a 100 Km/h en tan solo 7,2 segundos. Su velocidad punta era de 250 Km/h, hoy en día nada del otro mundo, pero lo importante era la estabilidad con la que se mantenía el conjunto gracias a un equipo de suspensión neumática adaptativa BOGE.

El Safrane Biturbo nunca pudo ofrecer un cambio automático porque no existía ese tipo de transmisión para un motor transversal con ese potencial.

El Renault Safrane Biturbo se deshizo en elogios durante su presentación, y más aún durante las pruebas a las que se le sometía contra los mismísimos Serie 5 o los Mercedes Clase E de la época. Sus prestaciones le abalaban sin lugar a dudas, y su equipamiento de nivel premium no tenía nada que envidiar a ningún habitual de la Autobahn. ¿Cual fue entonces su lastre? Por muy cruel que parezca, el lucir un rombo en su carrocería en lugar de una estrella o cuatro aros, sentenció este producto tan capaz o más que aquellos ilustres de entonces. La versión Biturbo no llegaría al restyling de 1996, quedando en el olvido para ser recordado anecdóticamente en raras ocasiones.

 

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