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Raid Revolución: SEAT Toledo Marathon 1993.

written by Héctor Jáñez 13 febrero, 2018
Raid Revolución: SEAT Toledo Marathon 1993.

La suya fue una carrera más bien efímera pero concluyente. En 1992 SEAT Sport decide aprovechar la coyuntura de la recién estrenada plataforma SEAT Toledo I para involucrarse de lleno en la categoría de los Rallye Todoterreno, y ya de paso, promocionar el nuevo sedan con el aliciente de las carreras. El esquema final trajo al mundo un robusto y soberbio vehículo llamado SEAT Toledo Marathon. Posicionarse en la categoría a la que iba destinado iba a ser un tanto complicado, si bien PSA ya se había ganado cierta reputación compitiendo sobre los terrenos más tortuosos. Por un lado, con los Citroën ZX Gran Raid seguidos del imponente Vías Anchas, y por otro, con las populares maniobras de los Peugeot 405 T16 Grand Raid y sus menores, los 205 T16.

Seis años nada menos, fue el tiempo invertido por SEAT Sport para el desarrollo de este musculado Toledo en el Centro Técnico de Martorell. Un ensayo que por otro lado, se había derivado hasta en dos ocasiones al famoso compacto español, el SEAT Ibiza. Dos maquetas a escala lo atestiguan. No faltaba experiencia en la firma española con los Audi Coupé Quattro Raid que previamente habían sido puestos en manos de José Mª Serviá para ganar el nacional de Raids de 1990 y 1991. Esa fue precisamente la herencia que recibió el Toledo Marathon, el musculoso bloque de 5 cilindros en línea y 2.1 litros del de los cuatro aros.


Este sí es el primer y auténtico todoterreno de SEAT y por supuesto, no el Ateca. Su objetivo: Terminar con la hegemonía de los Citroën ZX Grand Raid y los Mitsubishi Montero.


marathon25Su debut no llegó hasta 1993 con la Baja Portugal como escenario, y por supuesto, con José Mª Serviá equilibrando la simbiosis piloto/máquina. Dos unidades fueron inscritas para competir en el país vecino, pero su estreno no fue precisamente una honra al éxito. SEAT era una marca que debía afrontar la competición con escasos medios a su disposición, y eso quizás, fue uno de los motivos influyentes en el abandono de los dos Toledo Marathon durante aquel estreno. Esperar un segundo asalto en 1994 era relativamente fácil, pero antes, Serviá lograría un segundo puesto en su cita con el Raid de Grecia de 1993.

Antes de continuar con su trayectoria, es conveniente repasar las cualidades más relevantes del Toledo Marathon. Un monstruo de los rallyes todoterreno que, a pesar de su ostensible reforma, era perfectamente vinculable con su homólogo de calle. Su carrocería, ahora con tendencias coupé, se soportaba en un chasis tubular fabricado en acero de alta resistencia y posteriormente reforzado con un aderezo de fibra carbono. Y precisamente en un vehículo cuyo destino son los raids más comprometidos, la suspensión es uno de los puntos más vitales del desarrollo. SEAT se encargó de dotar a ambos ejes con una suspensión de paralelogramo deformable conjuntada con unos amortiguadores dobles de gas firmados por Öhlins.

marathon29Como os comentaba al principio, el motor de este aparato es un viejo conocido. El 5 cilindros en línea turboalimentado de Audi iba alojado en posición central —justo detrás de los baquets— y sin ninguna variable potencial con respecto a su portador inicial.  Los 330 cv a 5.500 rpm eran más que suficientes para poner en jaque a más de un campeón. La tracción a las cuatro ruedas, el diferencial central autoblocante y la transmisión manual de 6 relaciones hacían el resto. Esta última, muy cerrada y a pesar de contener dientes rectos, contaba además con sincronizadores para garantizar una suavidad y una rapidez muy superiores.


Los 480 Nm de par acumulados por el 2.1 de Ingolstadt le permitían tantear ciertas dificultades a bajas velocidades sin ningún tipo de achaque.


1994 fue el año del Toledo Marathon. El alemán Erwin Weber, experimentado piloto y viejo conocido de unidades oficiales de Mitsubishi, se unía a las filas españolas junto a José Mª Serviá. SEAT había escogido el mismo calendario que el año anterior, por lo que la Baja Portugal era el primer reto. Serviá repetía desastre con una rotura en el turbo que le obligó a abandonar, mientras que el alemán, más afortunado, superó incluso al ZX Grand Raid de Timo Salonen para hacerse con un segundo puesto.

Seat_Toledo_Marathon_hl_TCELas cosas no iban mal del todo para la pareja Marathon, quienes con cierta proyección y acariciando las luces traseras de los ZX Grand Raid de Pierre Lartigue y Timo Salonen, empezaban a atisbar el triunfo con un tercer y cuarto puesto en la Baja Aragón. Continuando con la escalada de progresión, la temporada de los Marathon concluía en el polvoriento escenario de Grecia. Entre caminos montañosos y plagas de rocas, por fin Serviá se hacía con la victoria, esta vez acompañado de un Antonio Rius que simultáneamente terminaba en segundo lugar.

Fue una historia breve pero intensa, de la que incluso podríamos hablar de secuela. ¿Por qué? Os preguntaréis. Pues bien. Mientras que uno de los SEAT Toledo Marathon fue minuciosamente restaurado para ser expuesto en el Museo SEAT, el segundo coche se vendió a Santinho Mendes, piloto portugués que posteriormente utilizó la unidad para participar en las ediciones del Dakar 1999 y 2000. Tras sufrir algún que otro abandono en pleno desierto, sus correspondientes saqueos, un incendio, varias restauraciones y Dios sabe que más, el coche terminó luciendo una carrocería de Opel Astra H. Al menos en su frontal. Hoy, su paradero es una incógnita.

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