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Volkswagen Golf Bi-motor (Pikes Peak 1987)

written by Héctor Jáñez 14 junio, 2018
Volkswagen Golf Bi-motor (Pikes Peak 1987)

 

Desde su forja en un remoto 1916, son multitud los atrevidos que han osado enfrentarse a la competición con mayores cotas de todos los tiempos: la Pikes Peak o “La carrera hacia las nubes”. Unas cuantas décadas de disfrute son las que se han sucedido, edición tras edición, año tras año, década tras década, sobrellevando los inminentes saltos tecnológicos que se han dado durante el tránsito de su longeva historia. Los medios nunca fueron un inconveniente, ni cuando estos eran realmente frugales, y mucho menos lo son ahora que se han excedido en demasía, traspapelando toda la objetividad que define un vehículo.

Ahora es cuando entra en escena el Volkswagen Golf. En concreto la caja MKII: un símbolo que ha empapelado de éxito la carretera mundial, un talento que, antagónicamente sobre los circuitos, nunca logró extrapolar toda su magnificencia. Eso no quiere decir que la ingeniería y otras inquietudes de célebres personajes enfrascados en las carreras, no propusiesen en torno a sus atributos, proyectos tan seductores como el que tenemos aquí presente.

 

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Son 12 millas de pura exigencia para toda maquinaria que se preste a su escalada. 156 curvas de infarto, donde el más mínimo desliz puede resultar en un desafortunado encuentro con la ineludible gravedad. Durante la etapa de los Grupo B, tanto los Rallycross como la Pikes Peak fueron algunos escenarios concurridos por los mitificados coches de rallyes, y a la postre, su hogar adoptivo cuando estos quedaron huérfanos tras la abolición de la categoría, en 1987. Polvo, grava, barro: todo ello detonaba en forma de una receta que, esculpía monstruosidades de carreras para romper las barreras del sentido común. Así es como la gente de Volkswagen Motorsport quiso involucrarse, gestando la maquinaria definitiva, allá por 1987.

 


Casi 20 kilómetros separan la base y la cumbre de la montaña, lugar donde se halla la victoria en torno al tiempo de ascenso.


 

En años pretéritos, el Golf, en manos del piloto teutón Jochi Kleint, había logrado sobre la gran montaña un tercer y un cuarto puesto de forma consecutiva. En aquellas citas de 1985 y 1986, el afamado Golf presumió ya de dos corazones, en este caso confiados por su menor, el Volkswagen Polo. Entonces, sendos 4 cilindros de 1.3 litros portaban nada menos que 250 cv cada uno. Aquello suponía una cifra de potencial estimulante cuanto menos. Pero para el curso 87, el coche del pueblo quiso exprimir la última esencia de sus vanagloriados motores multiválvulas.

 

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Era el momento álgido, había que poner toda la carne en el asador y el bloque de 1.8 litros y 16 válvulas, el ligado a las codiciadas siglas GTI, era el postulante ideal para una escalada al límite. Con los dos motores enfrentados, aposentados como dos puntos cardinales, llegó la sobrealimentación. Un turbocompresor por cada bloque, con una desembocadura de 652 cv, suficientes para catapultar al compacto de 0 a 100 Km/h en solo 3,4 segundos. Más rápido que un Lamborghini Countach LP5000S QV, o que un Porsche 959. Fue, y muy posiblemente sigue siendo, el Volkswagen Golf por antonomasia.

Kurt Bergmann fue el responsable de esta desmedida creación que, como buen técnico especializado en el ensamblaje de coches de carreras, desató un efecto perdurable en el tiempo. Todo estaba muy bien calculado, mas la disposición de sus bloques facilitaba al jinete la posibilidad de elegir con cual de los dos ejes motrices trabajar. Tracción, propulsión o cuatro por cuatro, el monstruo bicéfalo podía optar a diestras o a zurdas, según conviniese a Kleint en cada momento.

 

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La escasa tonelada de peso del vehículo —pesaba 1.050 Kg— ayudó a que durante la prueba Kleint lograra el ascenso más rápido, al menos hasta hallarse apenas a un cuarto de milla de la línea de meta. En aquel punto no fue el sistema bi-motor el que provocó la derrota, si no algo tan irónicamente pulido como es la suspensión. Apenas tres curvas de la cumbre la avería en la suspensión impidió continuar al piloto, debido al gran peligro que las alturas entrañaban. La retirada de Volkswagen Motorsport allanó el terreno para que Walter Röhrl y su Audi S1 E2 conquistaran la cima.

 

 

 

 

 

Fuente: Volkswagen.

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