Home Competición Vauxhall Carlton TS6000 1987. El destroza “salones” Thundersaloon 1985-1995

Vauxhall Carlton TS6000 1987. El destroza “salones” Thundersaloon 1985-1995

written by Héctor Jáñez 6 junio, 2018
Vauxhall Carlton TS6000 1987. El destroza “salones” Thundersaloon 1985-1995

A finales de los años 80, los superturismos gozaban de su momento más insigne. Su exponencial extensión a través del viejo continente y otros anexos, imantaban sobre las taquillas y demás agregados mediáticos, una concurrencia sin precedentes. Por entonces, la BTCC ya había cuajado como una influencia de referencia, y albergaba en sus islas una importante variedad tecnológica que se extendió mediante fuertes competencias empresariales, focalizadas estas en la preparación. Véase el caso de ¹Prodrive, una empresa cuyas prácticas resultaron sumamente lucrativas sobre nuevos desarrollos potenciales y de confianza.  El caso es que el éxito trae crecimiento, y en el crecimiento está la variedad. Por eso entre 1985 y 1995, aparecieron los Thundersaloon, monstruosidades que se justificaban detrás de carcasas de sedanes, de coupés o de berlinas de calle, para encubrir en sus entrañas musculosas potencias de época.


¹ Por costumbre, me gusta etiquetar las unidades BMW M3 E30 bendecidas por Prodrive, como Sport Evo, a pesar de que estas daten posteriores a 1989. Son muchas, demasiadas las veces que me han corregido sobre tal hábito, pero es un homenaje, una tradición que no corregiré, cuya mera intención es otorgar la importancia que han tenido tales competencias sobre el posterior desarrollo de versiones de competición. Para mí la precuela del Sport Evo.

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La producción del Lotus Carlton se había inaugurado en 1990, con importantes expectativas de mercado y un consorcio que reunía a algunos de los mejores ingenieros del mundo. La recesión azotada por el hundimiento de todos los modelos de gestión de aquella década, supuso un arma de doble filo para este híbrido anglosajón el cual, por un lado, consiguió un espacio vitalicio en el panteón de las leyendas por su limitada producción. No hay mal que por bien no venga.


La leyenda John Cleland fue uno de los delegados que domarían al también conocido como “White Shark


Por supuesto, aquel era un modelo a plena disposición de Vauxhall, mas capitaneado por GM Dealersport, que como líder de una de las marcas punteras entre las mejores cruzadas de turismos, no dudó en su requerimiento a la hora de asegurarse un nuevo título. Resolución baldía fue aquella, si a pesar de decantarse por el monstruo más temible de la firma, Dave Cook Racing le extirpó al anglosajón su completa y genuina tecnología. Eso sí, para dotarlo de algo mucho más sustancial si cabe. Estas super siluetas de apariencia dúctil y afable, ocultaban unos chasis sumamente sintonizados, así como enormes bloques V8, entre otros. En este caso concreto, el ocho cilindros era de origen Holden y derramaba sobre el asfalto 625 cv de puro músculo oceánico. Sin hipérboles: sus neumáticos traseros eran tan grandes como los de un fórmula 1.

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Su sonido era espectacular, más lo era aún el rendimiento que aposentaba, el cual en ocasiones, si su capitán no contaba con el suficiente arte a la hora de gobernar el gas, ni tan siquiera sus gigantescos zapatos le concedían la permanencia sobre la pista. Era una época de récords inigualables, los coches se erigían sobre los requisitos del Grupo A y una vez puesto todo el material sobre la pista, la competencia se redujo a dos únicos protagonistas. El primero era el brutal White Shark, y un segundo oriental que llegaba desde Hirosima: el Mazda RX-7 pilotado por Mike Wilson, armado con un motor de 2.0 litros Turbo de origen Cosworth. Pero completamente antagónico era el planteamiento del Cartlon, con el V8 de 5.7 litros australiano, y cuya segunda unidad cayó en manos de John Cleland.


Proyectos paralelos: Cleland hizo acopio de sus abundantes contactos en los concesionarios Vauxhall, para reunir los ingredientes necesarios en consonancia con GM UK.


Utilizaba el aspecto del Cartlon, pero eso era solo fachada, un espejismo. Armado con paneles de Kevlar y lo suficientemente anabolizado como para echar abajo todo su carácter de sleeper, el V8 se servía de inyección electrónica BOSCH, latía a través de pistones Cosworth, bielas forjadas Carrillo y un cigüeñal reforzado BRC. Así en 1991, Stevens, que había abandonado su enorme Senator en aras de poderle hacer frente a los escurridizos Sierra y compañía, compró este Carlton para proclamarse como subcampeón ya durante su primera cruzada. La temporada 1992 consagró su éxito total, conformando su tercer título en aquella descontrolada aventura de “Super Salones”.

 

Fuente: specialsaloons.

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