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¿Cómo se acomoda un superturismo durante los pit stop?

written by Héctor Jáñez 28 mayo, 2018
¿Cómo se acomoda un superturismo durante los pit stop?

 

¡Atención! Te hayas sumergido en plena carrera, escenario de Hockenheimring, la última prueba de la temporada, y tu piloto favorito necesita puntuar para materializar la victoria del campeonato. Mientras mantenga el tipo sobre la pista seguirá custodiando el ansiado primer puesto, o en su defecto, una posición de privilegio que vanaglorie sus números en la tabla. Es en momentos clave como los pit stop, la parada en boxes, donde se le ponen a uno los nervios de punta. Es un equivalente a abandonar momentáneamente el tesoro y dejarlo a merced del ansioso corsario que persigue como un poseso nuestras luces traseras. Una simple retirada, cada vez más efímera, dicho sea, que puede poner en bandeja todo el esfuerzo realizado a lo largo de la dura carrera. Cualquier percance, un desliz por pequeño que sea, y el campeonato se nos va al garete. Pero ineludible es la necesidad de un nuevo juego de neumáticos y el repostaje de nuestro hambriento compañero de fatigas. Hay que hacerlo y salir pitando.

Quizás me haya excedido en demasía valorando, o más bien adornando el peligro que supone un pit-stop, mas cuando en disciplinas como la DTM se han registrado paradas de menos de 8 segundos. Esto significa que nos movemos en lapsos muy similares a los que habitualmente se estiman en la F1. Esta ventaja para los superturismos tiene un motivo de ser, se retoma a tiempos muy pretéritos y es la razón por la que estamos aquí hoy: valorar el hermético sistema neumático, utilizado para elevar los turismos de competición durante su estancia en boxes. Un sistema que cada vez genera más curiosidad, más preguntas entre los aficionados.

 

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Si te gustan las carreras de turismos, estarás al corriente de este sortilegio que permite realizar algunas de las paradas en boxes más rápidas que se han registrado, y si no, nunca está demás iniciarse en una nueva disciplina y apreciar este gran arte.

 


Por su rapidez y por su efectividad, los pit stop del DTM se han convertido en los más laureados de los últimos tiempos.


 

Ya en la gloriosa DTM golden age, podíamos apreciar como los ilustres M3 E30 o los Mercedes 190E Evo, hacían flotar sus carrocerías por encima del suelo, por arte de magia, como si de una alfombra voladora se tratase. El sistema hoy en día ha evolucionado, pero no dista mucho del de aquel entonces. Normalmente son cuatro —tres en algunos modelos— los cilindros encargados de elevar el vehículo, mediante un circuito neumático cuya conexión en los superturismos, normalmente se ubica en la parte trasera del coche, próximo a las ópticas o en el propio paragolpes. Por el contrario, en los DTM más actuales podemos apreciar las tomas de entrada en la zona lateral del vehículo. Una vez anexa la manguera de alimentación a su conexión, los depósitos comienzan a inyectar nitrógeno comprimido a alta presión, desplegando así los cilindros cobijados en la parte inferior del coche. Un vez elevado, el proceso colectivo que se emprende es el habitual: repostar mientras se retiran los roídos neumáticos, para sustituirlos por unos de nueva factura. ¡A correr! Una vez desconectado el circuito, los cilindros descienden fugazmente y el vehículo está listo para salir disparado. Misión cumplida, nuestro piloto tardará escasos minutos en recuperar su posición.

 

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Lo mejor de todo es la practicidad que esto le procura a los técnicos que conforman el equipo, además del ahorro de tiempo y conflicto que la solución en sí implica en la espinosa tarea del pit stop. No obstante, fuera de escena, durante trabajos más prolongados, el sistema también supone incentivar el esfuerzo, si bien no es durante las paradas de boxes el único momento donde ejerce su funcionalidad, y tanto para revisiones como para otros tratamientos mecánicos de mayor envergadura, es un buen aliciente que nos exime de todo tipo de elevador. Incluso en numerosas ocasiones, se han podido ver alzados los aparatos en cuestión mientras están éstos reposando en el paddock, con motivo de que sus neumáticos prevalezcan liberados tanto de la presión del peso del vehículo como del propio contacto con el suelo.

Es algo que llama la atención y que como curiosidad, pica un rato. Y más debió serlo en la década de los 80 y 90, cuando la tecnología aún se desarrollaba a un ritmo tradicional. Esta técnica es probablemente la única que aún comparten los vehículos de carreras actuales con sus antepasados.

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