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Peugeot Oxia 1988. El Concept Car que no han logrado superar.

written by Héctor Jáñez 6 marzo, 2018
Peugeot Oxia 1988. El Concept Car que no han logrado superar.

Creo en la afirmación de que no se puede comenzar exposición alguna que atienda al Peugeot Oxia sin antes hacer un breve paréntesis en el Quasar de 1984. Porque la firma del león, entonces vivió una década de aliento astronómico que se exteriorizó sobre los mejores despachos galos. Los llamativos Concept Car de los años 80 eran todo un griterío para un mercado que apenas terminaba de asentar sus fundamentos, pero detrás de toda percepción consumista, estos, no eran otra cosa que puros ejercicios tecnológicos con mucho, pero que mucho estímulo en lo que a diseño se refiere. Gérard Welter se encargó de trazar aquel primer prototipo de Peugeot en La Garenne, y con él se abría un nuevo itinerario francés hacia el futuro. Su clara inspiración espacial era patente, más ratificada aún con su bautizo: Quasar. Designación  astronómica para un astro celeste alimentado por agujeros negros supermasivos.

Solo tuvieron que pasar cuatro años para que Peugeot golpease de nuevo con otra idílica fundación, esta vez sin apenas referencias pretéritas que le restaran importancia tecnológica al conjunto. Era el Peugeot Oxia de 1988.

1988-peugeot-oxia-conceptSu aspecto prestamente desenmascara de que pasta está hecho. Es un gran turismo de altas prestaciones en todo su esplendor. Y no fue precisamente una creación con intenciones competitivas, como bien sucedía asiduamente en las mejores firmas, pero la gallardía de sus trazos reivindicaba en rotundo la potencia bruta que podía soportar la ingeniería francesa, sin dejar de lado, no se me olvide, la inmunidad al paso del tiempo que glorifica su carrocería de fibra de carbono.

El anchuroso y por otro lado corto capó extraíble, no cobijaba el corazón. Este descansaba en posición central trasera, justo tras la cabina, siendo un derivado del respetable PRV nacido del consorcio entre Peugeot, Renault y Volvo a mediados de los años 70. Es conveniente destacar que aquel V6 a 90º latiente en su parte posterior, no era un PRV propiamente progresado, si no que constituía un nuevo escalafón dentro de la propia estructura del bloque. Lo atestiguaba el uso de dos turbocompresores que elevaban la potencia hasta los 680 cv a 8.200 rpm y a unos más que generosos 730 Nm de par máximo.


Oxia hacía referencia a la región de Marte denominada Oxia Palus: longitud 0, latitud 0. Punto de partida para calcular el tiempo marciano.


oxia-3Algo bonito y a la vez complejo dentro del misterioso ambiente que emana la oficina de un diseñador, es conseguir esculpir una obra de arte que además, muestre la mayor complicidad con las leyes de la física. El Oxia es un ejemplo evidente de esto que intento expresaros. La casi completa ausencia de voladizo, la anchura de 2,02 metros junto a la reducida altura de 1,13 metros, el alerón trasero activo, y lo mejor de todo: un chasis de aluminio cuyo patrón era el clásico nido de abeja, eran los múltiplos de la ecuación perfecta. Y no es solo el compuesto de resina Epoxy con tejido de carbono que moldeaba a la obra gris metalizada, si no la generosa visibilidad de la que podía gozar el conductor en el interior de un concepto de vehículo donde la susodicha, siempre era una asignatura pendiente. Detalle que acoraza esta afirmación eran los espejos retrovisores posicionados en la parte superior de las puertas, a la altura idónea sobre el campo de visión del piloto.

194x6x1vgkfyujpgMe pongo perfectamente en situación. Acceder a esta cabina en los remotos años 80, debía ser como interaccionar a lo Jean-Luc Picard sobre la propia USS Enterprise D, o en su defecto, un sinónimo de las diligentes cruzadas de Michael Knight a lo largo del territorio norteameriano. El caso es que su salpicadero fue fabricado en aluminio anodizado de color azul acero, en contraste con unos revestimientos de cuero gris carbón para los asientos y otros elementos envolventes. La moqueta azul eléctrico y la iluminación del panel de instrumentos de color verde Espuma de Mar, eran combinaciones cuestionables sobre el papel, pero que disipaban toda duda tras el deleite de aquella confluencia interior.


Sus dotaciones se componían de una unidad de comunicación conexa a un radioteléfono sobre un ordenador compatible con los sistemas periféricos.


Enumerar todas sus capacidades y dispositivos sin precedente es un gasta tinta. El trackball o bola de seguimiento, era un anticipo de lo que marcas punteras como Mercedes-Benz o BMW ofrecen hoy en día como TouchPad Controlled. Pantalla LCD a color, teléfono, teclado alfanumérico o lector de disquetes, también eran otros contribuyentes en la precuela de superfluosidad que empapa al automóvil moderno.

oxia-6Con el Oxia, Peugeot también se adelantó al imperativo actual de las energías renovables. Si os fijáis, estratégicamente colocados en la parte inferior de su parabrisas delantero se pueden distinguir dos paneles solares compuestos por 18 celdas, —células fotovoltaicas— que se encargan de abastecer al sistema de navegación y a otros módulos que operan en el interior.

Ya en su época, esta bestia consiguió rodar a velocidades superiores a los 350 Km/h en circuito cerrado, proclamándose así como uno de los deportivos más veloces de las últimas décadas. Hoy, pocos superdeportivos actuales, a pesar de presumir de una gran maraña de cables que simplifican su conducción, podrían hablarle de tú a tú. La producción de un elemento de tal calibre no era entonces ni una prioridad ni tampoco una alternativa para Peugeot, a pesar de encontrarse esta en su edad de oro. Pero con ello, demostró que los franceses también saben ensamblar portentos al margen del generalísmo que siempre les ha ocupado.

 

Fuente: Peugeot.

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