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Opel Calibra DTM/ITC 1996

written by Héctor Jáñez 12 enero, 2019
Opel Calibra DTM/ITC 1996

Se manifestó como un elemento profusamente enfrentado a las leyes de la física. El Opel Calibra constituyó una importante porción de la Clase 1 de los superturismos. No obstante, durante la campaña de 1995, el portento aerodinámico de Rüsselsheim dejaba un sabor agridulce, solo con algunas pinceladas casuales y un par de delicatessen militadas por Klaus Ludwig, las cuales desembocaron en una doble victoria sobre el escenario de Hockenheim, última ronda de la temporada. Pero el potencial adyacente del coche seguía persuadiendo al personal oficial encargado del proyecto, por eso, antes de la perentoria llegada de la ITC de 1996, el equipo de ingenieros ya había lidiado conceptos con la gente de Cosworth. Siempre peligroso aliado. 

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La nueva campaña del ITC dictaba un reglamento mecánico inamovible, no pudiendo perturbar la estructura original de los bloques de 6 cilindros ni su cilindrada, con un máximo establecido en los 2,5 litros. Los materiales debían ceñirse a los que las firmas habían recurrido para sus productos de venta al público y por descontado, se vetaba cualquier tipo de sobrealimentación.


El V6 equipado por el Calibra DTM fue donado por el Opel Monterey y cubicaba en su versión de calle 3,2 litros.


El conjunto de limitaciones supuso una importante iniciativa para Opel, que tras analizar alternativas optó por homologar un nuevo bloque de 6 cilindros para la temporada 1996. No hay que hacer de menos al donante de corazón, el Opel Monterey que en su versión de calle cubicaba 3,2 litros. Sediento campestre donde los haya. Construido en aluminio, liviano y preciso como buen producto autóctono, el V6 ahora con 75 grados entre bancadas, colaboraba con una reducción del centro de gravedad al ir este alojado en una posición más baja, lo que suponía por orden un conjunto generalmente más agachado. La línea roja de los epicentros mecánicos del ITC permitía finiquitar nada menos que a 12.000 rpm, por tanto, el recurso de un cigüeñal de carrera más reducida lograba alcanzar dicho cometido. Eso sí, no sin algún que otro sacrificio.

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Rebosante de proyección aerodinámica, rudo y homogéneo desde su germen nacido sobre el papel, la ya leyenda del rayo conservó la transmisión secuencial de 6 relaciones que Williams había sintonizado el año anterior. Otra cuestión de innegable sobresalto fue el trabajo aerodinámico, elaborado a base de horas en el túnel de viento y esfuerzos para completar un rompecabezas desde la mejor perspectiva posible. Primero se aligero el chasis con sus respectivas modificaciones para cobijar el nuevo V6. Por consiguiente, los radiadores se posicionaron en una zona menos crítica, a salvo de las rutinarias zonas de colisión y además, la cuantiosa actividad de sus tomas de aire mejoraban sustancialmente la refrigeración general. El coche ahora era más bajo, más ancho, más uniforme y como bien afianza la fibra de carbono en abundancia, este Calibra le había robado unos cuantos kilos a la báscula.


Uno de los mejores Calibra de competición jamás fabricados. Capaz incluso de estar a la altura de todo un F1 de la época.


ITC Hockenheim 1996

Con apenas una tonelada de peso, este consonante lineal, portento del estilismo, lograba cobijar bajo su kilométrico capó hasta 500 robustos potros alemanes. De hecho, aquella temporada se hizo con el campeonato mediante una importante simbiosis con el siempre ligado a Opel, Manuel Reuter. Es un coche que se puede permitir vanagloria porque es recuerdo de muchos, e irónicamente, en sus versiones de circuito impermeabiliza la mala fama que le eclipsan sus versiones de calle. Y no por escasa talentosidad precisamente, si no por las manos que lo trataron. Opel Calibra de inusitada belleza, ya un clásico de las carreteras Europeas. ¡Y de los circuitos más célebres!

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