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Nissan Skyline GT-R R33 NISMO 400 R 1997

written by Héctor Jáñez 17 octubre, 2019
Nissan Skyline GT-R R33 NISMO 400 R 1997

Si hay un vehículo que describe al dedillo la basta cultura automovilística natural del Japón, es el Nissan Skyline. El eterno Godzilla marcó un antes y un después en lo que a deportivos de líneas prudentes y precios accesibles se refiere. Con esto quiero decir que a mediados de los años 90, no era equiparable el sacrificio que conllevaba el ser el propietario de un Skyline con el de un Porsche 993 Carrera Turbo. Tampoco eran deportivos situados en la misma escala de atractivo óptico. Hoy en día se podría decir que han cambiado las tornas, mas si mencionamos, no al tradicional GT-R, si no a un GT-R NISMO 400 R.

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Siempre que NISMO aparece acicalando el nombre de Nissan sucede algo majestuoso. Para la ocasión, el preparador oficial de la firma tomó como referencia la máxima edición del portento: el GT-R V-spec. Si ya era una ardua tarea la de mejorar un producto casi perfecto, NISMO lo hizo, limitando tantísimo la producción que además, aseguró una exclusividad digna de pocos modelos. Solo 44 unidades fueron ensambladas para satisfacer a una civilización plagada de adeptos al Godzilla.


En su máximo exponente, denominado V-spec, el Skyline GT-R ya era un coche propiamente proyectado hacia los circuitos.


NISMO siempre actúa a lo grande, mas cuando a mediados de los años 90 este ya había condensando éxitos de vital importancia en la élite de la competición. Por ello la división japonesa organizó una celebración por todo lo alto denominada: Nissan Skyline GT-R R33 NISMO 400 R. Personalmente, la generación R33 es una de mis predilectas dentro de esta familia, y esta en concreto llegó a tal extremo de caracterización que se tomó como inspiración el GT-R NISMO LM presentado para abordar las 24 Horas de Le Mans. Son muchas de sus porciones las que lo afirman.

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Tanto su nuevo straigth-six como su culata llegaban previamente reforzados, y es que aquel corazón ya no era un RB26DETT cualquiera. Ahora en colaboración con la división REINIK (Racing & Rally Engineering Division Incorporated Nissan Kohi) se ofrecía la dotación de uno de sus bloques de competición, titulado RBX-GT2. Algunos componentes móviles del mecanizado, como las bielas o el cigüeñal, se ensamblaron con carácter forjado. Los pistones estaban reformados y un nuevo juego de turbocompresores N1 Spec soplando a 1,1 bares, se encargarían de acariciar la barrera de los 400 cv. Aquel seis en línea incrementó su cilindrada hasta los 2,8 litros, presumiendo así de unos generosos 469 Nm al borde de las 4.500 rpm, y junto a su sistema de tracción a las cuatro ruedas ATTESA E-TS PRO, en el país del sol naciente pareció haber germinado el GT invencible. Al menos así fue durante la primera entrega de la saga Gran Turismo.


Un deportivo que recurre a la electrónica, pero en su justa medida. Los ejercicios de conducción mantienen todo el impacto emocional de los viejos tiempos. 


Solo NISMO era capaz de conjugar este conglomerado de lo impracticable, mas tratándose del hijo pródigo en el cual, se aludía a todo el conjunto bastidor en aras de su equipo de frenos, sus suspensiones e incluso de la dotación de un árbol de transmisión de carbono. Su kit de carrocería fue modificado, además de para colaborar con la refrigeración mecánica, para darle un toque de distinción con las tradicionales unidades GT-R. Las llantas de 18″ NISMO LM-GT1 con forja de aluminio, ponían la guinda sobre un amarillo singularmente destacable entre los demás colores exclusivos.

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No es difícil certificar, no si un “quizás” que preceda a dicha afirmación, que este es uno de los Nissan GT-R más exclusivos y portentosos de todos los tiempos. Desde luego lo que sí es seguro hoy en día, es uno de los más arduos en cuanto a adquisición.

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