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Dubai GP 1981. El día que los más célebres pilotos corrieron con Citroën CX de fábrica.

written by Héctor Jáñez 17 marzo, 2021
Dubai GP 1981. El día que los más célebres pilotos corrieron con Citroën CX de fábrica.

 

La fiebre por el automovilísmo en Dubai no es un concepto contemporáneo como tal, si no que se remonta incluso al nacimiento de los Emiratos Árabes Unidos. En 1981, la confederación de Emiratos cumplía una década, y qué mejor manera de conmemorar tal aniversario que organizando una carrera de coches. El evento no sería dispuesto tradicionalmente, con los vehículos de alto rendimiento habituales para este tipo de copas. La diversión radicaba en utilizar un vehículo familiar con especificaciones de serie, con austera deportividad y un parco manejo en relación a las habilidades naturales de un piloto. La guinda del pastel llegaría con la plantilla de conductores. Veinte pilotos de élite, cuyo talento había sido forjado sobre las monturas más contundentes del motorsport, deberían adaptar sus habilidades a un coche de características ruteras, tal y como éste salía del concesionario.

 

 

Veinte unidades Citroën CX 2400 GTi de color blanco, fueron cedidas por la firma francesa para la celebración de aquel denominado Gran Premio de Dubai de 1981. Se redactó una lista caracterizada por los nombres más genuinos de la época, pilotos de la talla de Dan Gurney, Marc Surer, John Fitzpatrick, Derek Bell, Stirling Moss o el mismísimo Carrol Shelby. Esta eventual copa monomarca se vio definida por el que entonces fuese el buque insignia de Citroën, equipado con un motor de 4 cilindros, 2.3 litros y una culata de 8 válvulas que en conjunto rendía 128 cv. Se trataba del veterano propulsor que en su día fue estrenado en los Citroën DS más tecnológicos, con inyección de combustible, pero en este caso se trataba de una renovada Bosch L-Jetronic introducida en los CX de 1977.

 


Los Citroën eran totalmente de stock. Ni el más mínimo reglaje alteró su capacidad o rendimiento.


 

El piloto británico John Watson obtuvo la pole, compartiendo las primeras filas con David Kennedy. Éste último no pudo conjugar una peor salida, y en principio se vio relegado a los últimos puestos para a posteriori, estrellar en varias ocasiones su precioso CX GTi. Según su trascurso, la carrera parecía adoptar por momentos ciertos tintes cómicos. Algunos pilotos comenzaban a estrellar sus CX, otros parecían pelearse con la suspensión hidroneumática malogrando su trazada y derrapando sobre la arena. Los delgados neumáticos de stock chirriaban y se veían al límite, y los más astutos, utilizaban los laterales de los otros Citroën como punto de apoyo. Es muy poco probable que alguno de aquellos CX terminara la carrera intacto.

 

 

Es fácil imaginar las sacudidas que sufrían los pilotos sobre los butacones del sedan francés. A pesar de lo inapropiado del vehículo para tal efecto, los pilotos comenzaban a exprimir sus habilidades como si de una verdadera carrera oficial se tratase. Gurney surcaba la arena para atajar la chicane, y Kennedy, volvía a estrellar el frontal de su coche para provocar un colapso en la recta de inicio. Y es que las características del circuito árabe parecían haberse dibujado contrariamente a los atributos del Citroën CX.

 


Prácticamente en su totalidad, la pequeña flota de Citroën CX terminó siendo un producto de desguace. El evento trascurrió en un sin fin de choques, frenazos y altercados varios.


 

En la tercera vuelta, Roy Salvadori quedaba fuera de la carrera al estrellar su coche en una de las curvas y quedar dañado su eje delantero. Stirling Moss fue otro de los muchos pilotos que abandonaron la pista, tras sufrir un fuerte impacto con otro coche. Al final, un total de 14 CX quedaron fuera de combate, reduciendo la competencia a tan solo 6 unidades. En este aspecto, la habilidad de Dan Gurney para aprovechar en su favor las carrocerías ajenas se disparó a lo largo de la carrera. Tan pronto podía utilizar el lateral de otro CX para salvaguardar su posición en la pista, como recurría al paragolpes trasero de otro compañero para darle un extra de frenada a su vehículo. Si al final de la carrera había un Citroën CX que fuese carne de desguace, ese era el de Dan Gurney. Algunos de sus compañeros, como Stirling Moss, acusaron al norteamericano de utilizar unos métodos de pilotaje poco ortodoxos. Esto, añadido al gran numero de incidentes que acontecieron durante la carrera, pareció hacer mella en los pilotos, que en lugar de disfrutar, parecieron terminar el evento crispados.

 

 

El hecho de no contar con vehículos competentes con los que dar rienda suelta a sus desarrolladas habilidades, fueron motivo de enfado y frustración entre los pilotos. Estos tipos no estaban a costumbrados a competir sobre suspensiones blandas y neumáticos de una pulgada. Su propio subconsciente les llevaba a pilotar de una forma rauda y agresiva, sin tener un vehículo que se adaptase a la ejecución de aquellos atributos de conducción.

Al final, Bruno Giacomelli logró la victoria tras haber liderado la carrera prácticamente desde el principio. Marc Surer conseguía el segundo puesto, seguido de David Kennedy, que se recuperó de su nefasta salida y logró reponerse de todos sus choques.

 

 

 

Imágenes vía: Citroën.

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