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BMW 320is. El M3 camuflado de finales de los 80.

written by Héctor Jáñez 22 mayo, 2017
BMW 320is. El M3 camuflado de finales de los 80.

Por Héctor Shavershian.

Tras el lanzamiento del M3 desde las oficinas de la división Motorsport a finales de los 80, con su motor S14 de 2.3 litros y cuatro cilindros en línea, se consagró un pequeño concepto de deportivo con un carácter sin igual. El perfecto equilibrio dinámico de sus 200 cv de potencia, armonizaba a la perfección con unas líneas que a día de hoy siguen siendo una delicia. Este conjunto no solo era envidiable en cuanto a práctica y conducta, si no que actualmente se ha convertido en uno de los clásicos más exponenciales, gracias al nivel de leyenda que se forjó mediante sus atributos.

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Tras su nacimiento, el BMW M3 era un producto casi perfecto. Un producto que no necesitaba ningún tipo de cambio para lograr el éxito en todos los mercados mundiales a no ser.. Como es habitual, la burocracia atentaba de nuevo contra el mundo del automóvil, y durante aquella época en Italia y Portugal consignaban desorbitadamente a todo vehículo que superase los dos litros de cilindrada. Los M3 italianos y portugueses, a pesar de superar la normativa solamente en unos escasos 300 centímetros cúbicos, pasaron a ser lastrados por un precio desorbitado que ni de lejos quedaba al alcance de sus posibles compradores.

A pesar de ofrecer una versión más light en el mercado italiano y portugues, se mantuvo el M3 original como opción.

BMW no iba a permitir que las codiciosas normativas perjudicaran sus ventas tras el minucioso trabajo que había logrado su división. De esta manera, la marca bávara decidió lanzar una versión más light del M3 para el mercado italiano y portugués. Incorporaba un bastidor deportivo, un motor de 2.0 litros oportunamente tratado por Motorsport y un equipamiento más elemental que su jefe el M3.

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El nuevo proyecto de BMW se denominó como 320is y la directiva decidió ofrecer la evolucionada motorización, tanto en carrocerías de cuatro puertas, como de dos. Las versiones coupé iban equipadas con un kit de carrocería M Technick II y unas oportunas llantas Corss Spoke de 14 pulgadas, mientras que las versiones sedan (aunque en opción también eran equipables con el oportuno kit M Tech) apenas eran diferenciables del resto de la gama si no era por el discreto emblema de su portón trasero que nos anunciaba descaradamente aquello de: Tres veinte is.

Su interior no estaba dotado con ninguna seña de identidad Motorsport. Ni siquiera su marcador reflejaba la famosa M o sus características agujas rojas. Su interior era el de un 320i corriente.

Concebidos casi por obligación, quizás estos 320is eran menos tecnológicos, y por consiguiente más puros que sus hermanos los M3. Sí. De algún modo su ligereza, su extrema sencillez, que únicamente se centraba en una intensa mecánica, y su construcción tipo Frankenstein, lograba que este coche naciese como uno de los primeros conceptos que mejor definían el término de sleeper.

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A pesar de que tanto las diferencias exteriores (en las versiones sedan) como las interiores, fuesen inexistentes en comparación con un 318i de serie, BMW sabía perfectamente lo que ofrecerle a sus clientes. La mecánica del 320is estaba a un nivel muy diferente con respecto a la del resto de la gama, y a pesar de la reducción de su carrera que descendía su cilindrada hasta los 2.0 litros, este motor era el mismo que el del prodigio M3. Los 192 cv a casi 7.000 rpm, demostraban que a pesar de estar lastrado por la avaricia de las normativas, el pequeño 320is no se quedaba muy atrás con respecto a la versión más prolifera de la gama. Además, mediante la reducción de su carrera el motor paso a ser supercuadrado, entregando la potencia a un régimen superior que el M3 y mostrando un nervio y unas recuperaciones por encima del Motorsport original.

El 320is no ofrecía ningún tipo de tecnología de la época, su interior era espartano y no presumía de ningún tipo de extra. Eso le hizo recortar 20 kg en la báscula con respecto al M3.

Su transmisión era otro de los factores que intervenían en las diferencias con el M3. La caja Getrag 260 de 5 relaciones, la cual ha sido utilizada por Holden o Jaguar y otras muchas generaciones de BMW, ofrecía un desarrollo final más corto que la de su hermano el M3, regalando al 320is unas recuperaciones notablemente superiores.

Sabemos que en BMW desestimaron la equipación interior y exterior para los 320is, pero su dinámica se trato con la misma discreción y mimo que a su motor. Unas suspensiones más duras y un equipo de frenos cortesía de los BMW de 6 cilindros, se encargaban de dirigir y parar el nervioso eje posterior del e30, sin olvidar su autoblocante mecánico.

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No os sorprendáis si alguna vez veis a la venta un 320is por un precio cercano al de un M3 coetáneo. Además de la exponencial revalorización del modelo, esta es otra de las rarezas de BMW con toda la exclusividad que ello conlleva ya que, solamente se produjeron 3.745 unidades con destino a Italia y Portugal entre 1.987 y 1.990. Las más de 2.500 unidades producidas con carrocería coupé, siempre lucían el kit M Tech II, mientras que las 1.200 restantes en versión sedan lucían completamente de fábrica prácticamente en su totalidad. Una inversión infalible que terminará en cifras estratosféricas.

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